
Estoy pensando llevarme el sombrero. Taparme la mirada miope, el rimel con esmero de todas las mañanas.
Y quedarme callada.
Como ese solar desvalido al final de la calle que sólo tiene vallas, donde sólo hay un sitio vacío.
Es cuestión de orden y belleza, reconocible ,a penas, cuando las sombras marcan el filo de una silueta.
Pequeño ballet de figurantes con aristas.
Metamorfosis de los sentidos.
Imagen: Metropolis. Paul Citroen
miércoles, septiembre 10, 2008
Llanuras
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3 Mordiscos:
Buenos días, hoy, raro, soy el primero en saludarte y garvear por tus textos: tiene su punto. Desde que te hiciste mayor, tan mayor, ya no te veo y sin embargo guardo algo para tí, algo, digo, más que un cuento, pero no mucho menos.
Me encantan los sombreros, pero que te dejen la vista al aire. Es mejor no tropezar con lo reconocible.
Un beso, cielo.
- Querido Buen Sur, sí, me parece que ambos nos hacemos mayores. A ver si coincidimos antes de que cumpla los treinta.
- Amigo 38,me temo que tropezaría si olvido mis gafas.
Un abrazo.
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