jueves, octubre 19, 2006

Finales felices



Bailar, saltar, batir palmas, regocijarse...

Cuando me dijeron que iríamos a restaurar en la catedral, las palabras del Tío Walt golpeaban mi interior.
Me sentí perseguida por una infame y atronadora ilusión.




Por supuesto, en el momento que mis neuronas abandonaron la primigenia agitación , regresé al mundo y miré al suelo, la zozobra se apoderó con la misma intensidad de este maltrecho espíritu ansioso que poseo.

Siento que me corten la ilusión de cuajo..pero el caso es que huyo de las alturas como de la peste.
Esta mirada miope se reduce, se desarma, se tensiona, con intuir solamente que permanezco lejos de suelo firme.
En mi cabeza sólo quedaba lugar para palabras como miedo , dolor, estrés, trabajo, fracaso, paro, asco...aaahhh...


Así que ,sin más, sufrí en silencio las horas que me separaban del andamio con unas buenas raciones de insomnio y elucubraciones.
Mi cabeza daba vueltas como un naufrago sin esperanzas, como un reo en el patíbulo.

Sabía qué iba a pasar aunque no estaba del todo segura de cómo reaccionaria...por supuesto me esperaba lo peor: o bien me caería redonda y oronda sobre la fría piedra o sencillamente quedaría como una insigne extravagante ante mis colegas.

Ambos finales me garantizarían una migraña emocional de calibre extremo.



Al fin el lunes llegó a mi vida, la tortura de las alturas se acercaba estrepitosamente, y yo miraba la reja que me separaba de mis terrores con ansiedad y cigarrillos.


En el interior de la catedral esperábamos ,uniformados, los detalles de última hora.
Y yo , simplemente, creo que nunca antes había sentido tanto calor ni tanto frío al unísono.

Era inevitable, estaba justo frente a mi particular monstruo metálico, y a pesar de que mis rodillas sonaran a dolor y desesperanza, fui subiendo las angostas escaleras que me alzarían a todo un cielo en mi lenguaje.





Pasé la tarde enfrascada y aferrada a los barrotes del primer piso de un andamio con un terror indescriptible pero logrando mantenerme en pie, más o menos absorta en el trabajo sobre los dorados, la policromía desgajada del retablo.




Qué puedo decir, además del placer de los procesos, el arte entre las manos, sentí que es posible, que puedo.





Nunca ha sido sencillo, pero ahora que la voluntad ha ganado una pequeña batalla, que me he revolcado en una piscina llena de barro, sonrío pensando que es posible, que mañana quizás pueda parar mi mundo rendido en la distancia vertical y sobrevivir al vacío desde el segundo piso..




...Abrazaré mis temores y esperaré a lograr partir por la mitad lo que llena todos mis pensamientos mientras la piedra permanezca a lo lejos.




Creo que no soy un caso perdido y me aplaudo con discreción.
Felicidad a media altura.







La NüBe

6 Mordiscos:

Isthar dijo...

Desde aquí yo también te aplaudo, siempre he admirado la valentía de quiene s capaz de enfrentarse a sus miedos en lugar de dejarse vencer por ello de antemano.

Puede estar segura de que le has ganado una batalla al tuyo, y tú sabes lo complicado que era. Ahora sólo te queda seguir dando pasos, y no importa las veces que no lo consigas, si no el hecho de no dejar de intentarlo.

Hubiera sido una verdadera pena que el miedo a las alturas te privara de esta oportundiad ¿no crees? ;)

Un abrazo muy fuerte, y mi más sincera felicitación por el paso dado :)

Para, creo que voy a vomitar dijo...

Pues esa es la viva prueba de que podemos superar nuestros miedos!!! Admiro a la gente valiente :)

Besos!

Anónimo dijo...

Claro que puedes, la prueba es que lo has hecho! Lo has superado de manera admirable, es un fastidio cuando el miedo nos hace perdernos cosas. No hay que permitirlo. Aunque a veces no sea fácil...
Me encantaría tener un trabajo como el tuyo.
Un saludo.

Anónimo dijo...

NÜbe guapa,siento no actualizar con fotillos y eso,Edimburgo de nuevo me regala preciosos amaneceres......
un besitoooo guapa
la olivilla
para cuando ese paseo na beira do mar ...ummmmm

Mujer del traje gris dijo...

Si no llegas a las nubes, ya seguiras intentando, ke para eso hay vida. Pero jamás evites subir, aunke corras el riesgo de caerte y el golpe duela. Duele más la rutina.

I know u are not a hopeless case.

SALUDO!!

Anónimo dijo...

Olivilla, linda, mi sol...te echo de menos, te extraño..tengo muchas ganas de verte, de darte uno de esos abrazos que tanto me gustan...

Sí, para cuando esos paseos, esos abrazos...

Miles de besos, Anita, linda.