Quizás ésta podría haber sido mi gran noche, como en la canción de Adamo.
Pero es sábado y decidí quedarme en casa sin la lluvia y en pantuflas, con mi gin tonic bien cargado y mis manos sobre un teclado de ordenador.
Esta tarde hablaba con Valle, mi buena amiga Valle -la de las gafas oscuras de la fotografía-. La mujer que es capaz de alegrarte las mañanas con su voz aflamencada arrancándose por Muchachito y afilando la lengua para sacarnos una sonrisa cómplice. Y me he quedado colgada de todos los detalles que enredan a nuestro “Bobo”, ese gran músculo que a veces se cansa de tanto trabajarnos en el pecho.
Quizás nunca entienda del todo qué nos pasa, por qué regresamos cada cierto tiempo a los rincones que prometimos no volver a compartir, por qué deseamos siempre las palabras que debemos arrancar a empujones y que tanto nos queman dentro.
Pero lo cierto es que la vida nos arrastra y jugamos, no sé si juiciosamente, dentro de las mismas variables, con otros rostros, otros nombres, pero siempre rondando la misma y desapacible liturgia afectiva.
La conclusión a la que llego es que ,básicamente, el mundo esta lleno de gilipollas (sin acritud, ni discriminación de sexos).
Y no hablo de esos que nos arruinaron la vida en el pasado, de esos que consiguieron que un curso académico fuera un pasaje de la Matanza de Texas, ni siquiera de aquellos que recordamos a altas horas de la madrugada, con la cama revuelta y las sábanas en la garganta, los que rememoramos justo cuando apagan las luces del cine y echas de menos unas manos debajo de la falda. No.
El mundo está lleno de gilipollas que nos despedazarán en el futuro, con los que nos despertaremos una mañana de domingo con olor a café y pan tostado y en cuyas esperanzas e ilusiones no hallaremos más que silencios mortecinos y reproches velados.
Porque, en realidad, estos personajes ,caminan por las mismas calles que ahora pisamos, miran las mismas películas postmodernas y relativistas, dicen “no a la guerra” , leen a Thoreau y divagan sobre una alfombra al compás del Tannhäuser o los Strokes. Los mismos que son como tú y como yo, porque en fondo somos uno y somos todos, igual de gilipollas, igual de ilusos o lelos.
Creo, en mi caso, que debería fijarme más, como en la canción de La Costa Brava, “en los pijos de mi ciudad”, que son igual de tontos, pero al menos tendría una razón para no flagelarme a mí misma.
En el fondo es una cuestión de colonialismo católico, la culpabilidad nos depila a Bobo, el corazón.
Fíjate cómo son las cosas, ahora suena la Beltrán, y recuerdo otras noches cuando gritábamos al viento que éramos infelices o escupíamos a nuestros amantes aquello de “lo tuyo es puro teatro”, con la Lupe, mientras ahogábamos en alcohol nuestras penas.
Nada ha cambiado.
Y quizás por eso mismo, porque hay realidades que no podemos desechar, que son nuestra epidermis, nuestro semblante, nuestra fe , canto al compás de Fangoria:
Ven, acércate más
Que te quiero tocar
Estar cerca de ti.
No, no me digas que no,
Que te da miedo sufrir,
Sentir algo por mí.
Ven, sube a mi nube
Yo te estaré esperando,
Flotando, gozando
del éxtasis de estar aquí.
Ya ves que si no tienes valor
Nunca sabrás lo que hay
Dentro de ti.
No, no te creas que yo
No he estado también ahí,
Esperando salir.
La NüBe
domingo, septiembre 17, 2006
Mi noche
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5 Mordiscos:
Tus palabras son sinceras y frescas.
Uff, noches de esas las hemos tenido todos. Noches rabiosas que ni la Lupe ni Lola Beltrán han podido acallar esos gritos internos que te dejan el corazón afónico a la mañana siguiente. Por cierto, me encanta que lo llaméis "Bobo", creo que es el nombre idóneo!
Aún quedan muchas grandes noches...
Gracias por pasarte por aquí.
Tienes azón, quedan muchas noches...y que no decaiga!!
Un saludo.
Ah, Bobo!!!!
Genial.
Mi querida Janis, alguna vez saldremos de estas arenas movedizas.
Tengamos fe.
Adoro tu Literatura.
Un besazo
Música que acompaña nuestras noches a fin de salvar nuestros días.
Bobo mañana seguirá en su sitio auqne a veces no lo sientas o creas que se va a salir de su sitio.
Olivilla, mi linda.
La canción es tuya, aunque por otro motivo..todavía recuerdo la escoba violeta que recogiste en Cimavilla y con la que bailaste y nos invitaste a subir a tu nube..algún día y con tu permiso tendré que relatar esa historia.
Ya sabes que te adoro, linda Anita.
Qué tal Edimburgo?
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