viernes, agosto 18, 2006

Confieso

Soy una mujer obsesiva.
Sé que no dice mucho en mi favor, pero no os asusteis, no soy peligrosa para el resto de los humanos, ni siquiera para las arañas, que me provocan tanto recelo y escrúpulo.

Confieso que soy una obsesa. Sé que nunca quedará tan relevante como el "Confieso que he vivido" de Neruda, digamos que es menos poético y más de Chinasky tras una gran borrachera..Y digo esto,con conocimiento de causa, tras 27 años de convivencia, sólo interrumpida por algún lapso de inopia.

Me muevo siempre a golpe de impulso y por eso mismo escucho con fruición el mismo disco hasta que acabo por agotar a mi hermano o a los vecinos, o a mí misma, quedando inservible y relegado a un rincón, hasta que ,por casulidad, el recuerdo lo rescata y me ayuda a situar cronológicamente mi vida en los tiempos correctos a golpe de banda sonora personal.Supongo que es mi manera de etiquetar lo que estoy viviendo.
Por supuesto, me sucede lo mismo con la literatura: cuando cumplí los 12 años me regalaron "Los escarabajos vuelan al atardecer" y fue tal mi perturbación anímica que no pude parar hasta conseguir todos los libros de María Gripe publicados en español e incluso en gallego y portugués.
Por aquel entonces mis padres se alegraban de que la niña no hubiera salido a su hermano Pablo, tan bandarra, y vertieron en mí la esparanza de una intelectual parsimoniosa y sagaz. En realidad nunca han sido conscientes de en qué clase de mosntruito me he convertido.

Lo que comenzó como un tierno entreteniemiento se transformó en ethos, en talante personal.

Tiendo a exprimir todo aquello que cae en mis manos que ,por un motivo u otro, logra encandilarme, y cuando ya no queda nada que pueda devorar paso página y sigo indagando hasta encontrar otro rincón oscuro en el que guarecer y expandir mis habilidades, vamos, que soy como una garrapata, mullida y cariñosa, pero garrapata finalmente.

Por supuesto después de regurgitar mis más sinceros, fúnebres y sombríos secretos de personalidad, sé fielmente que me condeno para siempre al más demoledor ostracismo.

De todas formas, hace tiempo que vivo el exilio, y ésta es una buena manera de liberarme y evitar flagelarme en cada ocasión que me obceco con algo o alguien y salgo trasquilada y dolorida.

Confieso mis obsesiones y basta.



La NüBe

1 Mordiscos:

Alberto Cuervo-Arango Rodero dijo...

Tenemos que escribir esa historia, eva.
Sin final feliz, claro, el amor no existe.
Tú también estabas escuchándolo!
Hum, adoro las madrugadas.
Un beso